ESTÁNDARES BÁSICOS DE COMPETENCIAS EN
CIENCIAS SOCIALES Y CIENCIAS NATURALES
La formación en ciencias:
¡el desafío!
El porqué de la formación en Ciencias
Vivimos una época en la cual la ciencia y la tecnología ocupan un lugar fundamental en
el desarrollo de los pueblos y en la vida cotidiana de las personas. Ámbitos tan cruciales
de nuestra existencia como el transporte, la democracia, las comunicaciones,
la toma de decisiones, la alimentación, la medicina, el entretenimiento, las artes e,
inclusive, la educación, entre muchos más, están signados por los avances científi cos
y tecnológicos. En tal sentido, parece difícil que el ser humano logre comprender el
mundo y desenvolverse en él sin una formación científi ca básica.
En un mundo cada vez más complejo, cambiante y desafi ante, resulta apremiante que
las personas cuenten con los conocimientos y herramientas necesarias que proveen
las ciencias para comprender su entorno (las situaciones que en él se presentan, los
fenómenos que acontecen en él) y aportar a su transformación, siempre desde una
postura crítica y ética frente a los hallazgos y enormes posibilidades que ofrecen las
ciencias. Sabemos bien que así como el conocimiento científi co ha aportado benefi -
cios al desarrollo de la humanidad, también ha generado enormes desequilibrios.
Como lo veremos aquí, formar en Ciencias Sociales y Naturales en la Educación Básica
y Media signifi ca contribuir a la consolidación de ciudadanos y ciudadanas capaces de
asombrarse, observar y analizar lo que acontece a su alrededor y en su propio ser;
formularse preguntas, buscar explicaciones y recoger información; detenerse en sus
hallazgos, analizarlos, establecer relaciones, hacerse nuevas preguntas y aventurar
nuevas comprensiones; compartir y debatir con otros sus inquietudes, sus maneras
de proceder, sus nuevas visiones del mundo; buscar soluciones a problemas determinados
y hacer uso ético de los conocimientos científi cos, todo lo cual aplica por igual
para fenómenos tanto naturales como sociales.
Sí, formar hombres y mujeres que caminen de la mano de las ciencias para ver y actuar en
el mundo, para saberse parte de él, producto de una historia que viene construyéndose
hace millones de años con la conjugación de fenómenos naturales, individuales y sociales,
para entender que en el planeta convivimos seres muy diversos y que, precisamente
en esa diversidad, está la posibilidad de enriquecernos.
Así entonces, tenemos la responsabilidad de ofrecer a los niños, niñas y jóvenes una formación
en ciencias que les permita asumirse como ciudadanos y ciudadanas responsables,
en un mundo interdependiente y globalizado, conscientes de su compromiso tanto
con ellos mismos como con las comunidades a las que pertenecen.
Pero, ¿desde qué perspectiva de las ciencias estamos haciendo este planteamiento?
¿Cómo nos permite la formación en ciencias alcanzar lo dicho anteriormente? En este
primer apartado buscaremos dar respuesta a estos interrogantes, señalando algunos
de los conceptos básicos que fundamentan los Estándares Básicos de Competencias
en Ciencias Sociales y Ciencias Naturales.
Concepción de ciencias que orientó la construcción de los estándares
El término ciencia es un término esquivo. Tal como afi rma Mason, “…si quisiéramos
defi nir lo que la ciencia ha sido […], hallaríamos difícil formular una defi nición válida
para todos los tiempos y lugares.” 1
Veamos un ejemplo: en el siglo XIX se entendía la
ciencia como la observación directa de los hechos, entendidos estos como fenómenos
sujetos a leyes naturales invariables. El científi co, entonces, debía descubrir las leyes de
la naturaleza, demostrarlas y verifi carlas por medio de experimentos y procedimientos
repetibles. Así, se creía que las grandes verdades de la ciencia ya estaban siendo descubiertas
y en muy poco tiempo se completarían. Como se verá más adelante, esto tuvo
enormes repercusiones en la manera misma de aproximarse al mundo de lo social y en
la concepción de las ciencias sociales
A principios del siglo XX, esta concepción de ciencia empezó a revaluarse,
al poner el acento en quien explora la realidad y vislumbrar
que lo que hace ese hombre o mujer cuando indaga el mundo es asignar
signifi cado a su experiencia y construir modelos que buscan explicar
fragmentos de la realidad a partir de una interacción permanente
con el objeto que se está estudiando. Así se llega a considerar que la
verdad no está dada, que está en permanente construcción y resigni-
fi cación: los paradigmas, las teorías y los métodos de comprensión de
la realidad (natural o social) son aproximaciones que corresponden a
determinados momentos histórico-culturales que se transforman con
el desarrollo mismo de las sociedades.
El término ciencia es un término
esquivo. Tal como afi rma
Mason, “…si quisiéramos defi nir
lo que la ciencia ha sido […],
hallaríamos difícil formular una
defi nición válida para todos los
tiempos y lugares.”
En la actualidad, más que hablar de la ciencia en singular, se habla de disciplinas cientí-
fi cas, consideradas como cuerpos de conocimientos que se desarrollan en el marco de
teorías que dirigen la investigación. De esta manera la psicología, la física, la biología, la
geografía, la historia, etc., intentan no sólo hacer descripciones de sucesos de la realidad
o predecir acontecimientos bajo ciertas condiciones, sino y fundamentalmente, comprender
lo que ocurre en el mundo, la compleja trama de relaciones que existe entre diversos
elementos, la interrelación entre los hechos, las razones que se ocultan tras los eventos.
Sin embargo, y contrario a la opinión popular, las explicaciones derivadas del quehacer
científi co no corresponden a verdades absolutas e incuestionables; un sello distintivo
de las ciencias está justamente en que sus teorías se encuentran en constante revisión
y reformulación.
Como lo dijera Thomas Kuhn2
, podemos entender la llamada “verdad científi ca” como
un conjunto de paradigmas provisionales, susceptibles de ser revaluados y reemplazados
por nuevos paradigmas. Ya no se habla entonces de leyes universales, sino de
hipótesis útiles para incrementar el conocimiento. O, en palabras de Carr, “… los
científi cos (…) abrigan la esperanza más modesta de avanzar progresivamente de una
hipótesis parcial a la siguiente, aislando sus hechos al pasarlos por el tamiz de sus
interpretaciones, y verifi cando éstas con los hechos”3
.
En efecto, la actividad científi ca está dada principalmente por un proceso continuo de
formulación de hipótesis y diseño de trayectorias investigativas para su constatación,
cuyo principal propósito es la búsqueda rigurosa de explicaciones y comprensiones
alternativas a las dadas hasta el momento, que los conduzcan a un conocimiento más
sólido, más complejo, más profundo de aquello que está siendo objeto de estudio. Hacer
ciencias, hoy en día, es una actividad con metodologías no sujetas a reglas fi jas, ni
ordenadas, ni universales, sino a procesos de indagación más fl exibles y refl exivos que
realizan hombres y mujeres inmersos en realidades culturales, sociales, económicas y
políticas muy variadas y en las que se mueven intereses de diversa índole.
Como lo dijera Th omas Kuhn, podemos entender la llamada
“verdad científi ca” como un conjunto de paradigmas provisionales,
susceptibles de ser revaluados y reemplazados por nuevos paradigmas
Así entonces, el estudio de las ciencias debe dejar de ser el espacio en el que se acumulan
datos en forma mecánica, para abrirse a la posibilidad de engancharse en un diálogo
que permita la construcción de nuevos signifi cados. Por esta razón es importante invitar
a los y las estudiantes a realizar análisis críticos del contexto en el que se realizan las
investigaciones, así como de sus procedimientos y resultados.
No obstante lo dicho hasta aquí, más personas de las que quisiéramos siguen creyendo
que la realidad es idéntica a aquella que se describe en los libros. Aun cuando se reconoce
que la actividad científi ca es una actividad que implica creatividad, innovación
e investigación, a menudo ésta se asocia con la verdad absoluta y pocas veces se es
consciente de que lo que está en los libros de ciencia son diversos modelos que, como
dijimos antes, pueden ser cuestionados y revaluados.
¿Quiénes hacen ciencia y cómo la hacen?
Otra idea que suele aparecer cuando se piensa en la ciencia y en las personas que hacen
ciencia es que ésta es una actividad solitaria, propia de seres superdotados como Newton,
Freud, Einstein o Marx. Así entonces, existe la tendencia a considerar al científi co como
una persona extraña que se ha encerrado en el “mundo de los libros”, desconectada de
la realidad y dedicada a descubrir verdades asombrosas.
Sin embargo, los procesos de investigación científi ca no se dan en solitario. Por el
contrario, se trata de una labor desarrollada por una comunidad científi ca de manera colegiada, donde se discuten las premisas a partir de las cuales se adelantó una
investigación y se ponen en diálogo con otras; se exponen y argumentan los caminos
recorridos; se contrastan los hallazgos; se plantean nuevos problemas para explorar.
Sí, los científi cos y las científi cas dedican gran parte de su tiempo a interactuar con
pares; trabajan en equipo; asisten a congresos donde hacen presentaciones de sus indagaciones
con una actitud abierta a la espera de comentarios; las publican en revistas
y libros y están expuestos a que sus planteamientos sean cuestionados, rebatidos o
aceptados tras nuevas investigaciones.
La actividad científi ca es ante todo una práctica social, adicionalmente, porque implica
un proceso colectivo en el que se conforman equipos de investigación que siguen
determinadas líneas de trabajo aceptadas por la comunidad científi ca. Es una práctica
en la que el científi co está sujeto constantemente a la inspección pública y se ve enfrentado
a la tarea de sustentar, debatir, exponer, argumentar a otros sus proyectos.
Como lo veremos, este planteamiento tiene serias implicaciones en la formación científi
ca a nivel escolar, en tanto requiere el fomento de la interacción entre pares, en
donde los y las estudiantes puedan constatar que un mismo hecho, fenómeno, acontecimiento,
puede ser explorado de diferentes maneras, en ocasiones completamente
diferentes y en otras complementarias, a su vez que verifi car cómo problemas similares
se presentan en diferentes lugares y que las soluciones planteadas pueden ser o
no suplementarias4
.
Si entendemos la ciencia como una práctica social es posible comprender que dicha
práctica asume unas connotaciones particulares en los contextos escolares, toda
vez que no se trata de transmitir una ciencia “verdadera” y absoluta, sino asumirla
como una práctica humana, fruto del esfuerzo innovador de las personas y sus colectividades.
Hoy en día es necesario que la institución educativa comprenda que en ella cohabita
una serie de conocimientos que no sólo proviene del mundo académico-científi co,
sino también del seno de las comunidades en las que están insertas, comunidades
cargadas de saberes ancestrales propios de las culturas étnicas y populares. Cabe
anotar que, en los procesos de socialización primaria, dichos saberes infl uyen en la
manera como los niños y las niñas ven y entienden el mundo y, por lo tanto, es importante
aprovechar todo este acumulado para que los estudiantes accedan a un conocimiento
holístico que no desconoce el saber cultural, popular y cotidiano que poseen
los estudiantes al llegar a la escuela. No es gratuito que hoy en pedagogía se insista
permanentemente en partir de los conocimientos previos que tienen los y las estudiantes
para generar procesos de aprendizaje con sentido y signifi cado.
El reconocimiento de puntos de vista divergentes, la posibilidad de sustentarlos y de
argumentarlos, abre así las puertas a una formación crítica que permite no solamente
que las ciencias adquieran relevancia en la vida de los estudiantes, sino que dejen de
ser, como lo dijera Levstik5
, la expresión de la moralidad de un solo grupo.
Por ello, proporcionar en las clases de ciencias naturales y sociales el espacio para
que los estudiantes tengan la oportunidad de poner a prueba sus construcciones de signifi cado es vital. A partir de allí lograrán refi narlas, transformarlas o reemplazarlas
para entender el mundo que los rodea con una mayor profundidad6
.
La concepción de ciencias sociales y ciencias naturales
que orientó la construcción de los estándares
Concepción de ciencias sociales
Aunque es difícil lograr un consenso sobre el objeto de estudio de las ciencias sociales
dado su carácter abierto, histórico y cultural, nos aventuramos a afi rmar que su objeto
es la refl exión sobre la sociedad. Se trata de una refl exión que no se queda en la interpretación
y comprensión de los hechos sociales y que, a través del estudio e indagación
sistemática, busca proveer conocimientos sobre lo social que orienten la búsqueda del
bienestar de la humanidad y la convivencia pacífi ca de los distintos integrantes.
Pulgarín y Hurtado nos recuerdan que “las ciencias sociales han tenido una defi -
nición y unos estatutos ambiguos, ambigüedad que se observa en la diversidad de
esquemas y estructuras organizativas que engloban las ciencias sociales y en los
diversos nombres con los que se denomina: ciencias del hombre (Piaget), ciencias
culturales, ciencias humanas, ciencias del espíritu, ciencias de la discusión (Habermas)
o ciencias de la comprensión (Gadamer)”7
.
Por su parte, la fundamentación conceptual del nuevo Examen de Estado para ciencias
sociales y fi losofía defi ne las ciencias sociales como “ciencias de la comprensión”,
defi nición que le infi ere sentido y carácter al qué y al para qué de las ciencias sociales
en la Educación Básica y Media en Colombia: que los y las estudiantes puedan acceder
al conocimiento y comprensión de los conceptos básicos requeridos para aproximarse
al carácter dinámico, plural y complejo de las sociedades humanas.
Aunque es difícil lograr
un consenso sobre el
objeto de estudio de las
ciencias sociales dado
su carácter abierto,
histórico y cultural,
nos aventuramos a
afi rmar que su objeto
es la refl exión sobre la
sociedad.
Es importante señalar que este conocimiento básico, construido a través del desarrollo
conceptual y metodológico de las disciplinas sociales (como la historia, la geografía,
la ciencia política, la economía, la psicología, la sociología, la antropología), no
es el único. Hoy las ciencias sociales reconocen que en las colectividades humanas
circulan saberes culturales que están dotados de sentido y signifi cado que, al igual que
el saber producido en las academias, es de vital importancia para la comprensión de
la realidad.
Además de permitir a las y los estudiantes apropiarse de los conceptos socialmente
validados para comprender la realidad, es necesario que la formación en ciencias sociales
en la Educación Básica ofrezca a sus estudiantes las herramientas necesarias
para hacer uso creativo y estratégico de diversas metodologías que les permitan acceder
de manera comprensiva a la compleja realidad social y las distintas instancias de
interacción humana.
Ahora bien, no basta ofrecer a los estudiantes las herramientas conceptuales y metodológicas
propias de las ciencias sociales. Ellas son importantes en tanto fundamentan
la búsqueda de alternativas a los problemas sociales que limitan la dignidad humana,
para lo cual es importante forjar en niños, niñas y jóvenes posturas críticas y éticas frente a situaciones de injusticia social como la pobreza, el irrespeto a los derechos
humanos, la contaminación, la exclusión social, el abuso del poder.
Porque los conocimientos de la sociedad cobran sentido cuando se utilizan en la resolución
de problemas en la vida cotidiana, puede afi rmarse que la formación en ciencias
sociales siempre está ligada con la acción ciudadana.
Concepción de ciencias naturales
Aunque al igual que en ciencias sociales, resulta riesgoso dar una defi nición consensuada
sobre las ciencias naturales, ellas son cuerpos de conocimientos que se ocupan
de los procesos que tienen lugar en el mundo de la vida. Se precisa que se trata de
procesos naturales para referirse a todos aquellos procesos que, o bien no tienen que
ver con el ser humano o, si lo tienen, es desde el punto de vista de especie biológica8
.
Los procesos estudiados por las ciencias naturales pueden dividirse en tres grandes
categorías: procesos biológicos, procesos químicos y procesos físicos. No obstante,
estos procesos no se dan de manera aislada. Así, por ejemplo, para estudiar la visión
es necesario entender cómo interacciona la luz con las células del ojo y cómo esta
interacción conlleva unas reacciones químicas que generan impulsos nerviosos que
van al cerebro.
Por ello, estas divisiones no deben ser tomadas como demarcaciones nítidas que separan
los tres tipos de procesos e incluso existen fenómenos que requieren el concurso
de las disciplinas que estudian estos procesos (biología, química y física), conformándose
así la fi sicoquímica, la bioquímica, la geología o la ecología.
Como se verá más adelante, la formación en ciencias naturales en la Educación Básica
y Media debe orientarse a la apropiación de unos conceptos clave que se aproximan
de manera explicativa a los procesos de la naturaleza, así como de una manera de
proceder en su relación con el entorno marcada por la observación rigurosa, la sistematicidad
en las acciones, la argumentación franca y honesta.
En la concepción que orientó la formulación de los estándares de esta área, las herramientas
conceptuales y metodológicas adquieren un sentido verdaderamente formativo
si le permiten a las y los estudiantes una relación armónica con los demás y una
conciencia ambiental que les inste a ser parte activa y responsable de la conservación
de la vida en el planeta. Por ello, los compromisos personales y colectivos surgen como
respuesta a una formación en ciencias naturales que argumenta crítica y éticamente
su propio sistema de valores a propósito de los desarrollos científi cos y tecnológicos.
La complejidad del mundo natural y social: más allá de las disciplinas
Así como la especialización disciplinar ha sido fundamental para el avance y el desarrollo
científi co de la humanidad, hacia la mitad del siglo XX las ciencias sociales y
naturales reconocieron sus limitaciones al enfrentarse con la difi cultad de explicar y
comprender problemas tales como los desequilibrios ecológicos, la exclusión social,
la desnutrición infantil, las migraciones humanas o la infertilidad.
Todos estos problemas, que son expresiones no solamente de la complejidad de los
objetos de estudio de las ciencias sociales y las ciencias naturales, sino de la intrincada
red de relaciones entre el mundo social y el mundo natural, de sus interacciones
y retroacciones entre las partes y el todo –y entre las partes entre sí–, señalaron la
enorme brecha entre los saberes encajonados en disciplinas, su parcelación, su enclaustramiento,
su disociación.
Comprendiendo que el conocimiento progresa, no solamente por su sofi sticación, formalización
o abstracción, sino por su capacidad para contextualizar y totalizar, hacer
abordajes de la realidad más transversales, multidimensionales y desde la perspectiva
de diversas disciplinas, se ha constituido en uno de los grandes desafíos de las ciencias
sociales y las ciencias naturales.
Al respecto, Jurjo Torres9
(1994) recuerda que:
La interdisciplinariedad viene jugando un papel importante en la solución de
problemas sociales, tecnológicos y científi cos, al tiempo que contribuye decisivamente a sacar a la luz nuevos u ocultos problemas que análisis de corte
disciplinar no permiten vislumbrar.
Desde esta perspectiva, este mismo autor refi ere una defi nición de interdisciplinariedad
que puede ayudar a entender lo que signifi ca una propuesta educativa con este
carácter y sentido:
La interdisciplinariedad, propiamente dicha, es algo diferente a reunir estudios
complementarios de diversos especialistas en un marco de estudio de
ámbito más colectivo. La interdisciplinariedad implica una voluntad y compromiso
de elaborar un marco más general en el que cada una de las disciplinas
en contacto son a la vez modifi cadas y pasan a depender claramente unas de
otras. Aquí se establece una interacción entre dos o más disciplinas, lo que
dará como resultado una intercomunicación y un enriquecimiento recíproco
y, en consecuencia, una transformación de sus metodologías de investigación,
una modifi cación de conceptos, de terminologías fundamentales, etc.
La enseñanza basada en la interdisciplinariedad tiene un gran poder estructurante
ya que los conceptos, marcos teóricos, procedimientos, etc., con los que se enfrenta
el alumnado se encuentran organizados en torno a unidades más globales,
a estructuras conceptuales y metodológicas compartidas por varias disciplinas10.
Si se espera desarrollar la capacidad de contextualizar e integrar, resulta un contrasentido
separar y aislar los saberes, máxime si se tiene en consideración que no es el
papel de la institución escolar proporcionar una formación disciplinar. La complejidad,
incremento y progreso constante de las disciplinas científi cas en sus procesos, contenidos
y productos, hacen que la educación en ciencias sea un asunto de formación académica
continua para permanecer a la par con sus avances conceptuales. De manera
infortunada en muchos casos las propuestas curriculares, los procesos de enseñanza y de aprendizaje agudizan el problema. Se enseña y se aprende en forma segmentada,
se separan las disciplinas antes de reconocer sus solidaridades, se fragmentan los
problemas más que vincularlos e integrarlos.
Por ello, conviene que la formación en ciencias en la Educación Básica y Media contemple
el abordaje de problemas que demandan comprensiones holísticas (como por
ejemplo la pobreza, la contaminación ambiental, la violencia, los modelos de desarrollo,
el desarrollo tecnológico…) para que el estudio en contexto, además de vincular
los intereses y saberes de los estudiantes, permita que los conceptos, procedimientos,
enfoques y propuestas propios de las disciplinas naturales y sociales estén al servicio
de la comprensión de situaciones, relaciones y entornos propios de estas áreas
del conocimiento.
Flexibilizar los diseños curriculares y abrirse a las enormes posibilidades que ofrece
el contexto natural y social para desarrollar procesos de formación con sentido
y signifi cado para los y las estudiantes es uno de los retos que enfrenta hoy en día la
institución escolar.
Del conocimiento intuitivo al conocimiento científi co
Si bien hemos dicho que el conocimiento científi co parte de un interés de los seres
humanos por comprenderse a ellos mismos y al mundo que les rodea, esa curiosidad
debe, como también se ha afi rmado, refi narse, ser rigurosa y estar enmarcada dentro
de un cuerpo de conocimientos y maneras de proceder en cuya validez hay consenso
en un momento dado. Cómo se da ese paso de una aproximación que podríamos llamar
ingenua a una aproximación científi ca a los fenómenos sociales y naturales es algo que
se explora a continuación.
El carácter activo de la mente conduce a los seres humanos desde muy pequeños a
interrogarse sobre todo cuanto viven –su cuerpo, su relación con los demás, los fenó-
menos que observan– y a construir explicaciones de lo que acontece en su entorno.
Ya en los primeros meses, niños y niñas construyen “teorías” sobre el mundo natural
y social, como bien lo han señalado los estudios adelantados por toda una línea de
investigación en psicología cognitiva y educativa11. Por ejemplo, cuando dejan caer los
objetos, los lanzan o los sacuden, los niños comienzan a desarrollar ideas sobre la
forma en que se mueven y hasta son capaces de predecir su trayectoria ante determinadas
acciones; así van construyendo una teoría intuitiva de la física de los cuerpos
que les posibilita, entre otras cosas, llegar a jugar efi cazmente con un balón12. Podría
afi rmarse que de manera similar, cuando participan en las ceremonias propias de su
cultura (rituales de paso, elecciones, enfrentamientos), los pequeños van haciendo
elaboraciones conceptuales sobre la vida en comunidad.
Sí, niños, niñas y jóvenes enfrentan permanentemente situaciones que los invitan a
refl exionar sobre su propio desarrollo, el funcionamiento de los grupos sociales a los
que pertenecen o sus relaciones con el medio ambiente a su alrededor: un bebé que
nace, las plantas que crecen, un confl icto que aqueja a su comunidad, el funcionamiento
del transporte público, el cambio del tamaño de la Luna, el funcionamiento de un
electrodoméstico, en fi n, todo con cuanto entran en contacto.
Investigaciones realizadas por Nieda y Macedo13 muestran que estas ideas son comunes
a estudiantes de diversas edades, géneros y culturas próximas. Además, se ha
observado que las formas que emplean los niños para interpretar los eventos guardan
una coherencia interna que, en ocasiones, se asemeja al pensamiento científi co de
épocas pasadas, pero que difi ere sustancialmente de la lógica científi ca actual. A estas
ideas se las ha llamado preconcepciones o nociones ingenuas, puesto que se consolidan
a partir de su contacto con los miembros de su comunidad inmediata, antes del
proceso de enseñanza formal de las ciencias. Lo característico de estas ideas es que,
por lo general, son resistentes al cambio y en consecuencia persisten hasta la edad
adulta.
Aquellas ideas que se elaboran para interpretar la realidad
y buscan solucionar los interrogantes y problemas que se
presentan en la cotidianidad han sido denominadas por
los investigadores a que estamos haciendo referencia
concepciones alternativas. Sin embargo, a diferencia de
los conceptos y modelos explicativos científi cos, las concepciones
alternativas no permiten comprender los fenó-
menos en toda su complejidad, tal como lo ha señalado
Gardner14; después de todo, en la vida diaria no realizamos
indagaciones sistemáticas, ni registramos nuestras observaciones
en detalle, ni derivamos conclusiones de manera
lógica y consistente.
Una de las metas fundamentales de la formación en ciencias es procurar que los y
las estudiantes se aproximen progresivamente al conocimiento científi co, tomando
como punto de partida su conocimiento “natural” del mundo y fomentando en ellos
una postura crítica que responda a un proceso de análisis y refl exión. La adquisición
de unas metodologías basadas en el cuestionamiento científi co, en el reconocimiento
de las propias limitaciones, en el juicio crítico y razonado favorece la construcción de
nuevas comprensiones, la identifi cación de problemas y la correspondiente búsqueda
de alternativas de solución.
En este orden de ideas, tratándose de la formación en ciencias, resulta apremiante
no sólo tener presente la existencia de concepciones alternativas en la mente de los
estudiantes, sino conocer en detalle en qué consisten y cómo están organizadas en el
pensamiento. Sólo así, partiendo de las ideas y conocimientos previos, el estudiante
podrá aproximarse a elaboraciones cada vez más complejas y rigurosas, acordes con
las teorías que han sido ampliamente argumentadas, debatidas y consensuadas por las
comunidades científi cas.
Desconocer en el proceso pedagógico la existencia de estas concepciones alternativas,
así como pasar por alto la asombrosa capacidad de niños y niñas para construir
conocimiento conduce a reforzar la idea según la cual el pensamiento científi co es
inaccesible, difícil y destinado para unos pocos. En este último caso, los estudiantes
terminan, sí, apropiándose de un número considerable de conceptos, pero no recurren
en su vida cotidiana a la racionalidad científi ca para pensar un problema, formular
una hipótesis, explorar lo que otros han dicho, hacer conjeturas, aventurar una explicación,
sustentar sus puntos de vista.
La manera como se enseñan las ciencias en el ámbito escolar depende en gran medida
de la concepción que maestros y maestras tienen de la actividad científi ca. Aquí
partimos de la premisa según la cual la idea que mantenemos de lo que la ciencia es
y de lo que los científi cos hacen, lejos de ser irrelevante pedagógicamente, se constituye
en nuestra guía para implementar estrategias de enseñanza a nuestra práctica
docente. Por ello, en este primer apartado hemos querido precisar cuál es la noción
de ciencias de la cual partimos en los Estándares Básicos de Competencias y desde la
cual invitamos a maestros y maestras colombianos a asumir el desafío de la formación
en ciencias en la Educación Básica y Media.
Las grandes metas de la formación en ciencias
en la Educación Básica y Media
El propósito más alto de la educación es preparar a las personas para llevar vidas
responsables cuyas actuaciones estén a favor de sí mismos y de la sociedad en su
conjunto. La educación en ciencias tiene en ello un papel fundamental al aportar a la
formación de seres humanos solidarios, capaces de pensar de manera autónoma, de
actuar de manera propositiva y responsable en los diferentes contextos en los que se
encuentran.
Para ello, se propone como horizonte de acción de la formación en ciencias las siguientes
grandes metas:
Favorecer el desarrollo del pensamiento científi co
Se ha dicho que es propio de las ciencias y de las personas que hacen ciencia formularse
preguntas, plantear hipótesis, buscar evidencias, analizar la información, ser
rigurosos en los procedimientos, comunicar sus ideas, argumentar con sustento sus
planteamientos, trabajar en equipo y ser refl exivos sobre su actuación.
Si bien no es meta de la Educación Básica y Media formar científi cos, es evidente que
la aproximación de los estudiantes al quehacer científi co les ofrece herramientas para
comprender el mundo que los rodea, con una mirada más allá de la cotidianidad o de
las teorías alternativas, y actuar con ellas de manera fraterna y constructiva en su vida
personal y comunitaria15.
En consecuencia, ha de ser meta de la formación en ciencias –tanto sociales como
naturales– desarrollar el pensamiento científi co y en consecuencia fomentar la capacidad
de pensar analítica y críticamente. Solamente así, podremos contar con una generación que estará en capacidad de evaluar la calidad de la información a la que accede
–en términos de sus fuentes y la metodología utilizada–, que tendrá la necesidad
de constatar las impresiones de los sentidos y en consecuencia no caerá fácilmente
en manos del dogmatismo, que estará dispuesta a enriquecerse de miradas diferentes
a la suya y a cambiar de opinión ante datos contundentes o convincentes, que contará
con los elementos para identifi car y buscar solución a los problemas y que estará atenta
a proceder de manera rigurosa.
Se trata, entonces, de “desmitifi car” las ciencias y llevarlas al lugar donde tienen su
verdadero signifi cado, llevarlas a la vida diaria, a explicar el mundo en el que vivimos.
Y para ello urge diseñar metodologías que les permitan a las y los estudiantes realizar
actuaciones como lo hacen científi cos y científi cas.
Desarrollar la capacidad de seguir aprendiendo
Si como se vio en el apartado anterior, la ciencia se encuentra en permanente construcción,
es meta de la formación en ciencias ofrecer a cada estudiante las herramientas
conceptuales y metodológicas necesarias no solamente para acceder a los
conocimientos que se ofrecen durante su paso por la Educación Básica y Media, sino
para seguir cultivándose por el resto de sus días. Sólo así podrán explorar, interpretar
y actuar en el mundo, donde lo único constante es el cambio.
Se trata, entonces, de “desmitifi car” las ciencias y llevarlas
al lugar donde tienen su verdadero signifi cado, llevarlas a
la vida diaria, a explicar el mundo en el que vivimos.
Teniendo en consideración que los límites entre las disciplinas no son fi jos, la formación
en ciencias debe propiciar tanto un conocimiento de algunos conceptos claves
propios de ellas, como el establecimiento de puentes, de relaciones, de articulaciones
entre conjuntos de conceptos de las diversas disciplinas.
Lo anterior plantea el reto de promover en la Educación Básica y Media un pensamiento
más holístico, a la vez que la capacidad de buscar e interpretar nueva información
que entre a enriquecer ese gran mapa conceptual que permitirá interactuar con un
entorno complejo y cambiante.
Desarrollar la capacidad de valorar críticamente la ciencia
Hoy en día somos conscientes tanto de las enormes ventajas como de las amenazas
que representa el desarrollo científi co para la supervivencia de la humanidad. Para
nadie es un secreto los peligros que enfrenta la humanidad como consecuencia de
la implementación de una ciencia sin responsabilidad social: amenazas nucleares,
debilitamiento de la capa de ozono, desertización de nuestros suelos cultivables, etnocidios
de comunidades ancestrales como consecuencia de la implementación de
megaproyectos, por mencionar solo algunas de estas consecuencias. Estas evidencias,
requieren de parte de los estudiantes, una postura crítica que permita cuestionar la
“supremacía de la ciencia”.
En este sentido debe ser meta de la formación científi ca desarrollar la capacidad de
los estudiantes de observar y analizar críticamente cómo los descubrimientos e ideas
científi cos han incidido en el pensamiento de las personas, sus sentimientos, su creatividad,
su comportamiento, teniendo presente que las diferencias culturales infl uyen
en el grado de aceptación de las ideas científi cas, su uso y valoración.
Lo anterior debe llevar a los estudiantes a asumir una postura crítica frente a las contribuciones
de las ciencias en la mejora de la calidad de la vida de las personas y a ser
responsables frente al consumo, a ser capaces de analizar la publicidad, la calidad de
los productos, las relaciones costo-benefi cio, entre otros.
Aportar a la formación de hombres y mujeres miembros activos de una sociedad
Puesto que el conocimiento científi co nos permite reconocer la unidad, la diversidad
y la interdependencia del mundo natural y social, tal como se afi rma en el documento
Science for all Americans (Ciencia para todos los americanos) de la Asociación Norteamericana
para el Desarrollo de la Ciencia16, una adecuada formación en ciencias
fomenta el respeto por la condición humana y la naturaleza, que se traduce en una capacidad
para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida, teniendo presente sus
implicaciones en cada uno de los seres que habitamos el planeta: niños, niñas, jóvenes,
hombres y mujeres adultos, ancianos y ancianas, poblaciones de diversas etnias
y condiciones socio-culturales, animales, plantas, recursos hídricos y minerales… en
fi n, en ese gran conjunto que hemos llamado la Tierra y que los seres humanos hemos
ayudado a confi gurar.
De igual manera, comprender quiénes somos, cómo nos hemos constituido en seres
humanos, qué caminos hemos recorrido, qué nos caracteriza, qué sentido le damos a
nuestra presencia en la Tierra, cómo nos organizamos socialmente, qué concepciones
ideológicas nos orientan, cuál es nuestro papel en el desarrollo del mundo futuro, elementos
que nos proporciona el conocimiento científi co, permite a los seres humanos
ubicarnos en un momento histórico determinado y en un contexto cultural, político e
ideológico, todo lo cual orienta nuestras acciones.
Por ello, una de las metas de la formación en ciencias es educar personas que se
saben parte de un todo y que conocen su complejidad como seres humanos, que son
responsables de sus actuaciones, que asumen posturas críticas y refl exivas ante aquello
que se da por establecido, que identifi can las consecuencias fundamentales de las
decisiones locales y nacionales, que sustentan y debaten sus planteamientos teniendo
en cuenta los aportes del conocimiento científi co, que escuchan los argumentos de
otros y revisan los propios a la luz de ellos, que trabajan con sus pares para buscar
soluciones a situaciones problemáticas. En suma, hombres y mujeres que cuenten
con las herramientas para ejercer el pleno ejercicio de ciudadanía y así aportar a la
consolidación de una sociedad democrática.
Propiciar la creación de espacios de refl exión para debatir asuntos polémicos y de
aplicación de valores sociales a favor del interés público (por ejemplo, tener en cuenta
las dimensiones éticas de los temas y desarrollar la capacidad de detectar fraudes
y presentar quejas o denuncias), así como fomentar un sentido crítico ante las actitudes y las relaciones sociales dominantes que permitan tomar distancia respecto
a los valores e ideologías establecidas, son algunas de las tareas que competen a la
formación en ciencias naturales y sociales en las instituciones educativas.
El conocimiento científi co no debe seguir reservado a una élite. Es necesario que amplios
sectores de la población accedan al desafío y la satisfacción de entender el universo
de una manera integral y contribuir a su construcción mediante el acceso equitativo
a todos los escenarios en donde ello acontece: el mundo del trabajo, de la cultura, de
los medios de comunicación, de la política, de la academia, de la economía, de la investigación,
entre otros. Ahora bien, también aquellos y aquellas estudiantes que deseen
adelantar una carrera científi ca a nivel universitario deben recibir en la formación básica
los elementos para acceder a ella y seguir sus estudios de profundización.
Cómo orientar la formación en ciencias
en la Educación Básica y Media
Múltiples estudios han puesto en evidencia que conforme a las concepciones que se
tengan de la ciencia, éstas van a ser enseñadas17. En la visión de las ciencias como
conocimientos terminados, propia del siglo XIX, el papel del maestro o la maestra consistía
en suministrar este conocimiento acabado a los estudiantes.
A raíz de las nuevas comprensiones sobre la ciencia, este enfoque ha sido completamente
revaluado y se ha visto la necesidad de ofrecer una formación en la cual, si bien
los contenidos conceptuales son importantes, también lo son las maneras de proceder
de los científi cos, es decir, todas aquellas acciones que se realizan en un proceso de
indagación. Un resultado inicial de este viraje en la manera de concebir la enseñanza
de las ciencias fue la aparición del llamado “aprendizaje por descubrimiento”, que
suponía redescubrir lo ya descubierto18. El excesivo énfasis pedagógico en este proceso
generó en su momento una gran falta de rigurosidad en la formación científi ca y
una carencia alarmante en el dominio conceptual por parte de los estudiantes. Como
consecuencia de ello es frecuente encontrar entre maestros y maestras desconfi anza
en esta forma de promover el aprendizaje.
No obstante, desde una visión contemporánea de las ciencias y de su formación, existe la
férrea convicción de que es necesario desarrollar las competencias de las y los estudiantes
a partir de la conjugación de: (1) conceptos científi cos, (2) metodologías y maneras
de proceder científi camente y (3) compromiso social y personal. En este apartado se
ofrecen algunas orientaciones que quizás ayuden a superar en parte los inconvenientes
que se han venido presentando en los últimos años.
El valor de los aprendizajes signifi cativos
Mientras los científi cos asumen nuevas explicaciones como resultado de un proceso
casi siempre largo, complejo y apasionante, los estudiantes deben incorporarlas en un tiempo mucho más corto y en muchas ocasiones sin estar al tanto de las preguntas y
los problemas que llevaron a los investigadores a proporcionar nuevas explicaciones.
Por ello, es necesario que el aprendizaje de las ciencias esté estrechamente relacionado
con la formulación de inquietudes y búsqueda de solución a problemas, tal como
ocurre en la vida real, teniendo de presente, claro está, que no es pretensión de la
formación en ciencias en la Educación Básica y Media alcanzar los niveles de especialización
de producción de conocimientos que logran los científi cos.
Se trata, entonces, de brindar bases que les permitan a los y las estudiantes acercarse
paulatinamente y de manera rigurosa al conocimiento y la actividad científi ca a partir
de la indagación, alcanzando comprensiones cada vez más complejas, todo ello a través
de lo que se denomina un hacer.
Para lograr generar transformaciones graduales y profundas en las formas de
conocer es importante que el aprendizaje resulte signifi cativo, es decir, que
los nuevos conocimientos adquiridos por un individuo se vinculen a lo conocido
y transformen de una manera clara y estable los conocimientos previos, tal
como lo afi rman Ausubel, Hanesian y Novak19.
La consecuencia más importante de este proceso es la disponibilidad de los
nuevos conceptos para el estudio de otros fenómenos diferentes a los planteados
inicialmente. Cuando se logra aplicar un conocimiento aprendido en
un contexto a otro contexto diferente, podemos decir que el aprendizaje fue
signifi cativo20
Cuando se logra aplicar
un conocimiento
aprendido en un
contexto a otro contexto
diferente, podemos
decir que el aprendizaje
fue signifi cativo
Una pedagogía que tiene presente niveles de complejidad en el aprendizaje
Estrechamente relacionado con lo dicho anteriormente, es necesario tener presente
que el desarrollo del pensamiento en niños y niñas avanza poco a poco hacia formas
más complejas. Por ello, la formación en ciencias debe respetar este desarrollo, pero
a la vez jalonarlo. ¿De qué manera? La idea es enfrentar a los estudiantes a situaciones
en las que el conocimiento previo o ingenuo no les sea útil, es decir, que no les provea
explicaciones; así entonces, surgen nuevas preguntas que conducen a construcciones
conceptuales más complejas.
Ello supone, a su vez, revisar un concepto en más de una ocasión, de manera que los y
las estudiantes tengan el espacio y el tiempo de aproximarse varias veces a los mismos
problemas, pero profundizando en su compresión, en los modelos empleados para
explicarlos y solucionarlos al emplear las herramientas nuevas que están adquiriendo.
Es conveniente enseñar ciencias desde los primeros años, pues si esta formación se
posterga, cada vez es más difícil modifi car las concepciones alternativas que a la postre
terminan difi cultando el proceso de aprendizajes científi cos.
Ante esta perspectiva cíclica y el creciente desarrollo de los contenidos propios de
cada disciplina, la pregunta sobre qué enseñar se vuelve central, teniendo en cuenta
que no todos los conceptos científi cos se pueden abordar en la escuela y que, por lo
tanto, hay que privilegiar la profundización sobre el cubrimiento de los contenidos
disciplinares.
Si bien es importante trabajar conceptos que sean útiles directa e inmediatamente
para generar interés en los estudiantes, es necesario considerar que existen conceptos
fundamentales para el desarrollo del ser humano y su desempeño en la actualidad
(como, por ejemplo, el concepto de democracia manejado en la antigua Grecia o el
de la estructura y función del ADN), que no son aplicables de manera inmediata o
que no corresponden a preguntas cotidianas. Otro criterio es seleccionar aquellos
conceptos que son claves para alcanzar comprensiones más abstractas, complejas y
unifi cadoras, que permiten explicar fenómenos aparentemente desligados, como la
chispa de corriente y la atracción del imán hacia el hierro, o la intrincada red de causas
y consecuencias que explica los fenómenos sociales.
Trabajar desde una mirada interdisciplinaria
También es importante recordar que cada una de las disciplinas, propias de las ciencias
sociales o de las ciencias naturales, cuenta con unos saberes básicos generalmente
complejos, como las leyes de conservación o el sistema legal que, resulta obvio,
deben ser abordados.
Como lo vimos, dicho estudio no puede darse de manera aislada y es necesario establecer
puentes entre los distintos saberes. Sería impensable tratar de generar procesos
interdisciplinarios si no es posible establecer relaciones en el interior de una
misma disciplina o de una ciencia. La diferenciación de los contenidos disciplinares
debería ser una meta al fi nal de la educación básica y no un punto de partida.
De otro lado, no es posible pensar en aprendizajes auténticos en ciencias que no signifi
quen relaciones profundas y armónicas con otras áreas cómo las matemáticas y el
lenguaje. Así, por ejemplo, el desarrollo científi co implica el uso de las matemáticas
como sistema simbólico que permite cuantifi car y construir modelos sencillos de los
fenómenos y eventos que se observan, además de utilizar ciertas habilidades numéricas
que hacen parte del método científi co como son la recolección y organización de
datos cuantifi cables, el análisis de dichos datos con base en la estadística y la probabilidad,
etc. (ver Estándares Básicos de Competencias Matemáticas).
Igualmente, la relación con el lenguaje surge de una manera que podría llamarse natural
cuando la formación en ciencias debe propiciar el desarrollo de la capacidad para comunicar
ideas científi cas de forma clara y rigurosa, lo que implica un uso adecuado no solamente
del lenguaje cotidiano, sino de aquel propio de las ciencias21. En el desarrollo de
indagaciones guiadas, el uso del lenguaje conlleva claridad en la exposición de hipótesis y
habilidades para compartir con otros los hallazgos y comunicarlos, tanto oralmente como
por escrito, en una gran variedad de contextos y con una gran variedad de artifi cios gráfi -
cos, simbólicos y literarios22 (ver Estándares Básicos de Competencias del Lenguaje).
Es conveniente enseñar ciencias desde los primeros años, pues si esta formación
se posterga, cada vez es más difícil modifi car las concepciones alternativas que
a la postre terminan difi cultando el proceso de aprendizajes científi cos.
21 Hernández, C., o.c. 22 NSTA (2000) Pathways to science standards: Guidelines for moving
the vision into practice. National Science Teachers Association.
Nueva York.
111
CIENCIAS SOCIALES Y NATURALES
La importancia de la participación activa de los estudiantes en su aprendizaje
Así como la comunidad científi ca acepta paulatinamente la sustitución de teorías cuando
se logra un consenso en la mayoría de sus componentes, los y las estudiantes logran
reestructurar sus teorías en un proceso cognitivo cuando éste es facilitado por
las propuestas curriculares de la institución educativa. En efecto, de manera similar
a como se hacen las ciencias, estas se aprenden. Varios estudios han mostrado que
los estudiantes desarrollan mejor su compresión conceptual y aprenden más sobre la
naturaleza de las ciencias cuando participan en investigaciones científi cas, con sufi -
cientes oportunidades y apoyo para la refl exión23.
“La compresión de la ciencia es algo que el estudiante hace, no algo que se hace para
él”24. Por eso afi rmamos que el aprendizaje necesita de la participación activa de las
y los estudiantes en la construcción de sus conocimientos, no siendo sufi ciente la
simple reconstrucción personal de conocimientos previamente elaborados por otros
y proporcionados por el maestro o el libro de texto.
Este papel activo por parte del estudiante requiere, por supuesto, de un docente que
enfoque su enseñanza de manera diferente, en donde su papel no se limite a la transmisión
de conocimientos o demostración de experiencias (esto último particularmente
frecuente en las ciencias naturales), sino que oriente el proceso de investigación
de sus estudiantes como un acompañante.
La indagación orientada permite que los resultados parciales, obtenidos por alumnas
y alumnos, sean reforzados, matizados o cuestionados a partir de aquellos propuestos
por la comunidad científi ca, de la cual el representante es el docente, y a los cuales
se desea que accedan los estudiantes. Replicar procesos de investigación dirigida ya
realizados por otros y abordar problemas que resultan de su curiosidad y su propia
investigación –y que son conocidos por quienes dirigen su trabajo– servirán, además,
para ejemplifi car el largo y riguroso camino que es necesario recorrer en la construcción
de los conocimientos científi cos25.
El trabajo colaborativo en el aula
Aprender haciendo, como se viene exponiendo, permite desarrollar no solamente las
capacidades individuales sino sociales de los y las estudiantes. Ahora bien, este tipo de
aprendizaje puede confi gurarse como una posibilidad de trabajo cooperativo entre pares
que se lleve a todos los espacios de formación. Con la constitución de pequeñas comunidades
científi cas se logra que los estudiantes sean capaces de asumir una serie de
compromisos individuales y colectivos que redunden en el bien del grupo, semilla que
se aspira repercuta en el futuro en bien de toda la sociedad.
Para poder fortalecer estos aprendizajes en los estudiantes es necesario que también
el maestro se involucre en procesos de conformación de comunidad científi ca y así,
de manera conjunta con otros y otras docentes, comparta sus experiencias debata
sus posturas, profundice sus conocimientos –tanto de su disciplina como de otras– y
evalúe sus actuaciones de enseñanza. Estas redes de colaboración entre docentes
pueden ser de gran valor para mantener posturas críticas y refl exivas sobre la propia
práctica e introducir modifi caciones a la práctica pedagógica.
Una evaluación diferente
Si la ciencia está formada por un conjunto de saberes que están en permanente cambio,
en donde la revisión y el análisis crítico de lo que se hace es fundamental, la evaluación
es un componente que no puede faltar en la formación en ciencias. Una evaluación
que sea vista, al igual que la ciencia, como proceso, es decir que sea permanente,
que arroje luces sobre el camino recorrido y el que se seguirá recorriendo.
Ya no es posible una evaluación dirigida a detectar errores, puntos de quiebre. Se
trata de una evaluación orientada a identifi car fortalezas que permitan superar las debilidades,
una evaluación para determinar qué están aprendiendo realmente los y las
estudiantes y buscar herramientas que permitan a cada docente orientar el proceso
de enseñanza y de aprendizaje hacia los objetivos propuestos, teniendo en cuenta también,
por supuesto, los vacíos detectados en sus estudiantes.
Según lo expuesto aquí, una formación en ciencias debe ir de la mano de una evaluación
que contemple no solamente el dominio de conceptos alcanzados por las y los
estudiantes, sino el establecimiento de relaciones y dependencias entre los diversos
conceptos de varias disciplinas, así como las formas de proceder científi camente y los
compromisos personales y sociales que se asumen.
La estructura de los Estándares Básicos de Competencias
en Ciencias Sociales y Ciencias Naturales
En las páginas precedentes se ha dicho que formar en ciencias nos enfrenta al desafío
de desarrollar en los y las estudiantes, a lo largo de la Educación Básica y Media, las
competencias necesarias no solamente para que sepan qué son las ciencias naturales
y las ciencias sociales, sino para que puedan comprenderlas, comunicar sus experiencias
y sus hallazgos, actuar con ellas en la vida real y hacer aportes a la construcción y
al mejoramiento de su entorno.
Al presentar los Estándares Básicos de Competencias en Ciencias Naturales y Ciencias
Sociales como estándares de ciencias se busca contribuir a la formación del pensamiento
científi co y del pensamiento crítico en los y las estudiantes colombianos.
Aunque ambas ciencias tienen objetos de estudio diferentes, las unen los procesos
de indagación que conducen a su desarrollo y las competencias necesarias para realizarlos.
Así los estudiantes podrán desarrollar las habilidades y actitudes científi cas
necesarias para explorar fenómenos y eventos y resolver problemas propios de las
mismas.
Así entonces, los Estándares Básicos de Competencias en Ciencias Sociales y Ciencias
Naturales guardan una relación bastante estrecha, en lo que se refi ere a su estructura.
No obstante, es necesario señalar que esta estructura común –mas no homogénea–
113
CIENCIAS SOCIALES Y NATURALES
no desconoce los procesos de confi guración específi ca que ambas áreas han alcanzado
en su devenir histórico, especialmente en sus componentes epistemológicos y
metodológicos, que le confi eren características propias, denotando una identidad en
la forma como se produce conocimiento en las ciencias sociales o en las ciencias naturales.
Lo anterior no signifi ca que las formas, estilos, métodos, enfoques de hacer
ciencia en lo social y lo natural no se complementen y enriquezcan.
Por ello es fundamental que las maestras y maestros del país no hagan una lectura
descontextualizada de los Estándares Básicos de Competencias sin tener como punto
de partida el marco conceptual esbozado en los Lineamientos Curriculares de estas
dos áreas de conocimiento.
Estándares y acciones concretas de pensamiento y de producción
Los Estándares Básicos de Competencias en Ciencias Sociales, así como aquellos
de Ciencias Naturales, señalan aquello que todos los estudiantes del país,
independientemente de la región en la que se encuentren, deben saber y saber
hacer una vez fi nalizado su paso por un grupo de grados (1 a 3, 4 a 5, 6 a 7, 8 a 9,
y 10 a 11). De esta manera los estándares se articulan en una secuencia de complejidad
creciente.
Para alcanzar los estándares en ciencias, cuyo número varía entre tres y cuatro
por grupo de grados, es necesario el concurso de una serie de acciones concretas
de pensamiento y de producción que aparecen desglosadas en tres columnas
y corresponden a un número de alrededor de 60 en cada grupo de grados.
Esta organización muestra que las competencias básicas de las ciencias son pocas,
pero que para alcanzarlas es necesario realizar una gran cantidad de acciones.
Conviene tener presente que solamente al llevar a la práctica simultáneamente
acciones concretas de pensamiento y de producción de las tres columnas
puede una persona ser competente en ciencias.
Las acciones concretas de pensamiento y de producción no están numeradas, pues
ninguna de ellas es más importante que las otras, así como tampoco implican un orden,
considerando que en el proceder científi co la organización corresponde a las
necesidades que plantee el problema que se busca solucionar.
Finalmente, es necesario decir que estas acciones corresponden a lo básico, pero no
quiere decir que sean únicas; por el contrario, hacemos una invitación abierta a los y
las docentes para que las enriquezcan con aquellas acciones que en su práctica les
han permitido mejorar la formación en ciencias para sus estudiantes, de acuerdo con
el contexto de la institución educativa y su PEI.
Ejes articuladores para las acciones concretas de pensamiento y de producción
Como se ha dicho, las acciones concretas de pensamiento y de producción requeridas
para alcanzar los estándares por conjuntos de grados están desglosadas en tres columnas,
buscando con ello que a través de su formación en ciencias todos los niños, niñas
y jóvenes vivan un proceso de construcción de conocimiento. Un proceso que parta de su comprensión del mundo y llegue hasta la aplicación de lo que aprenden, pasando por
la investigación y la discusión sobre su importancia en el bienestar de las personas y el
desarrollo de una sociedad democrática, justa, respetuosa y tolerante.
Por este motivo, las tres columnas se refi eren a la manera de aproximarse al conocimiento
como lo hacen los científi cos y las científi cas, el manejo de los conocimientos
propios, bien sea de las ciencias naturales o de las ciencias sociales y el desarrollo de
compromisos personales y sociales.
Entremos a analizar cada una de ellas.
Me aproximo al conocimiento como científi co(a) social o natural
En esta columna, localizada a la izquierda, aparecen aquellas acciones concretas de
pensamiento y de producción referidas a las formas como proceden quienes las estudian,
utilizan y contribuyen con ellas a construir un mundo mejor.
Así, un científi co se formula preguntas y problemas; emprende procesos de búsqueda
e indagación para solucionarlos; considera muchos puntos de vista sobre el mismo
problema o la misma pregunta; comparte y confronta con otros sus experiencias, sus
hallazgos y conclusiones, y responde por sus actuaciones y por las aplicaciones que se
haga de ellas.
Manejo conocimientos propios de las ciencias sociales o naturales
Si aceptamos que la competencia implica usar el conocimiento en la realización de
acciones o productos –ya sean estos abstractos o concretos–, las acciones presentadas
en la columna de la mitad, “Manejo conocimientos propios de las ciencias”, están
basadas en conocimientos específi cos (no puede haber competencias sin conocimientos)
de las disciplinas independientes y conocimientos provenientes de una articulación
entre las disciplinas que hacen parte de las ciencias naturales y sociales.
Precisamente por ello, en esta columna se presentan algunas subdivisiones que buscan
dar cuenta de aquellas actuaciones referidas a los saberes específi cos desarrollados
por estas ciencias. No obstante estas divisiones corresponden a una necesidad
metodológica y en la realidad los límites entre unas y otras no son nítidos; por ello
conviene leerlos buscando sus complementariedades.
Así, en el caso de las ciencias sociales, estas subdivisiones son:
RelConscientes de que el saber disciplinar es una meta y no un punto de partida, para
el último grupo de años (décimo y undécimo) en ciencias naturales la columna
entorno vivo se refi ere directamente a los procesos biológicos y la titulada entorno
físico se subdivide en procesos químicos y procesos físicos. De esta manera
se busca facilitar la comprensión y diferenciación de los problemas específi cos
relacionados con cada disciplina.
Desarrollo compromisos personales y sociales
El último grupo de acciones concretas de pensamiento y de producción, localizado
en la columna de la derecha, recoge las responsabilidades que como personas
y como miembros de una sociedad se asumen cuando se conocen y se valoran
críticamente los descubrimientos y los avances de las ciencias, ya sean naturales
o sociales.
Coherencia horizontal y vertical de los estándares
La estructura dada a los Estándares Básicos de Competencias en Ciencias Sociales
y Ciencias Naturales exige una lectura horizontal que parta de la columna de la
izquierda (me aproximo al conocimiento como científi co social o natural) para
concebir metodologías y procesos que pueden utilizarse para que los estudiantes
se aproximen a los conocimientos de las ciencias (segunda columna) con los
métodos, rigor y actitudes propias del trabajo de los científi cos. A su vez, para
valorar y utilizar los conocimientos son necesarios unos compromisos personales
y sociales.
De otra parte, los estándares guardan una coherencia vertical (por grupos de grados)
respondiendo así a niveles crecientes de complejidad, lo que se refl eja tanto
en las formas de aproximarse al conocimiento, como en los conceptos propios de
las ciencias y los compromisos personales y sociales.
Los siguientes cuadros ejemplifi can esta coherencia tanto horizontal como vertical.
Nótese cómo acciones concretas de pensamiento y producción de una columna
guardan relación, en un mismo grupo de grados, con aquellas ubicadas en las otras
dos columnas. De igual manera, puede observarse de qué forma de un conjunto de
grados a otros, dichas acciones aumentan en su nivel de complejidad.
Relaciones entre los Estándares Básicos de Competencias y los Lineamientos
Para la estructuración de estos estándares fueron punto de partida los Lineamientos
Curriculares para Ciencias Naturales y Educación Ambiental formulados en 1998 y
aquellos para Sociales enunciados en 2002 por el Ministerio de Educación Nacional y
ampliamente divulgados en el país. A continuación se expone de qué manera fueron
tenidos en cuenta.
Relaciones para el caso de las ciencias naturales
El documento de Lineamientos en Ciencias Naturales y Educación Ambiental propone
dos ejes fundamentales para el desarrollo de las competencias en esta área, así:
• Procesos de pensamiento y acción que, a su vez, se abordan desde tres aspectos
fundamentales:
– cuestionamiento, formulación de hipótesis y explicitación de teorías;
– acciones que ejecuta el estudiante para alcanzar lo anterior;
– refl exión con análisis y síntesis que permite al estudiante entender a cabalidad
para qué le sirve lo aprendido.
• Conocimiento científi co básico que desarrolla a partir de:
– relaciones biológicas;
– relaciones físicas;
– relaciones químicas,
todas ellas abordadas desde la básica primaria.
Como se verá, esta estructura es similar a la manejada en los Estándares Básicos de
Competencias en Ciencias Naturales, así:
• Todo aquello referido en los lineamientos a los procesos de pensamiento y acción
(cuestionamiento, formulación de hipótesis, explicitación de teorías, refl exión,
análisis y síntesis) ha sido retomado en la primera columna de los estándares,
llamada me aproximo al conocimiento como científi co natural.
• Por su parte, en la segunda columna de los estándares, manejo conocimientos
propios de las ciencias naturales, se encuentran las acciones directamente relacionadas
con el conocimiento científi co al que hacen mención los lineamientos.
Es preciso resaltar que en los estándares se están trabajando de manera integral,
desde el primer grupo de grados, física, química y biología.
• De manera adicional, los lineamientos proponen construir valores en el salón de
clase de ciencias, sin que esto se desarrolle a fondo y plantean que la fi nalidad del
área de ciencias naturales y educación ambiental es desarrollar en los estudiantes
competencias básicas a través de los siguientes procesos formativos: investigación
científi ca básica, formación de conciencia ética sobre el papel de las ciencias naturales
en relación con el ambiente y a la calidad de vida y, fi nalmente, la formación
para el trabajo.
Así entonces, en los estándares se hace explícita la necesidad de integrar el compromiso
al trabajo científi co a través de la tercera columna, denominada desarrollo
compromisos personales y sociales.
Relaciones para el caso de las ciencias sociales
La estructuración de los Estándares Básicos de Competencia de Ciencias Sociales
tomó en consideración las características propias del conocimiento científi co social.
En este orden de ideas, asumió como fundamento la propuesta adoptada en los Lineamientos
Curriculares de Ciencias Sociales, lo cual le permitió mantener y conservar su
perspectiva abierta, crítica, problémica, y transdisciplinaria, así:
• Perspectiva abierta de las ciencias sociales
Los estándares conservan esta perspectiva, toda vez que las metas de calidad que
se proponen allí no parten de un conocimiento acabado. La comprensión de la sociedad
pasa por reconocer y valorar los aportes y las lecturas que distintas culturas
hacen de ella. En este sentido, el saber cultural, popular y cotidiano de estudiantes
y docentes no se subvalora, sino que por el contrario, se revaloriza como elemento
y aporte importante que entra a dialogar con el conocimiento científi co especializado
para alcanzar una mejor comprensión de la realidad.
En esta perspectiva, es posible el análisis permanente de la realidad local, regional,
nacional e internacional, entendida como una relación “glocal”, que al decir de
Mejía se entiende “como el lugar en el cual lo global hace presencia en el mundo
local” 26, condición que no pierden de vista los Estándares Básicos de Competencias
en Ciencias Sociales, en la medida en que proponen situaciones e interrelaciones
que todo el tiempo recorren y recrean las diferentes dimensiones espaciales y
temporales que acontecen en distintas sociedades y comunidades.
• Perspectiva crítica de las ciencias sociales
Los estándares asumen esta perspectiva esbozada en los Lineamientos Curriculares
y propia de las ciencias sociales, ya que no asumen la comprensión de la realidad
social a partir de explicaciones elaboradas como únicas, sino que proponen
situaciones, hechos, fenómenos que deben ser deconstruidos a través de los procesos
de enseñanza y de aprendizaje para develar los intereses que hay en juego y
construir colectivamente posiciones y posturas éticas, que no necesariamente son
homogéneas, sino que respetan el carácter plural y diverso de los seres humanos
en procura de transformar las condiciones adversas que condicionan y limitan la
dignidad humana.
• Perspectiva problémica de las ciencias sociales
A su vez, los estándares conservan esta perspectiva en el sentido que los lineamientos
curriculares proponen para abordar el conocimiento, análisis y comprensión
de la realidad a partir de los grandes problemas que aquejan a la humanidad.
Problemas que se originan en la perspectiva diversa de los seres humanos por su
condición étnica, política, económica, ideológica; por las formas en que se ejerce
el poder, se socializa y se distribuye la riqueza; por las maneras en que nos relacionamos
con el ambiente, y por la manera en que establecemos acuerdos mínimos
de convivencia.
Estos problemas se abordan en los Lineamientos Curriculares de Ciencias Sociales
a partir de los ejes generadores, los cuales sirvieron de sustento para organizar
la columna central de los estándares, titulada manejo conocimientos propios de las
ciencias sociales, así:
• Relaciones con la historia y las culturas se estructuró a partir de los siguientes
ejes generadores de los lineamientos curriculares:
– Las construcciones culturales de la humanidad como generadoras de
identidades y confl ictos (eje generador
6).
– Las distintas culturas como creadoras de diferentes tipos de saberes
valiosos (ciencia, tecnología, medios de comunicación…) (eje generador
7).
• Relaciones espaciales y ambientales se estructuró a partir de los siguientes
ejes:
– Mujeres y hombres como guardianes y benefi ciarios de la madre Tierra
(eje generador 3).
– La necesidad de buscar desarrollos económicos sostenibles que permitan
preservar la dignidad humana (eje generador 4).
– Nuestro planeta como un espacio de interacciones cambiantes que nos
posibilita y limita (eje generador 5).
• Relaciones ético-políticas se estructuró a partir de los siguientes ejes:
– La defensa de la condición humana y el respeto por su diversidad: multicultural,
étnica, de género y opción personal de vida como recreación de
la identidad colombiana (eje generador 1).
– Sujeto, sociedad civil y Estado comprometidos con la defensa y promoción
de los deberes y derechos humanos, como mecanismo para construir
la democracia y buscar la paz (eje generador 2).
– Las organizaciones políticas y sociales como estructuras que canalizan diversos
poderes para afrontar necesidades y cambios (eje generador 8).
• Enfoque interdisciplinario de las ciencias sociales
Finalmente, los estándares asumen este enfoque propuesto en los Lineamientos
Curriculares de Ciencias Sociales, enfoque que “… implica una verdadera creatividad, pues articula teorías, métodos y proceATURALES
dimientos provenientes de las disciplinas, pero en función de la especifi cidad
de los problemas por resolver”.
“La recombinación transversal entre especialidades y subdisciplinas, en torno
a problemas situados en las fronteras de las Ciencias Sociales, está dando lugar
a zonas “híbridas” que exigen la combinación de teorías, conceptos, métodos
y técnicas provenientes de diferentes tradiciones disciplinares. Es el caso,
por ejemplo, de los estudios sobre violencia, sobre juventud, sobre pobreza y
sobre los efectos de la globalización”.27
Esta perspectiva, que ilumina la propuesta curricular de los Lineamientos Curriculares
de Ciencias Sociales, propone como dispositivo para la formación social una estructura
basada en ejes generadores, preguntas problematizadoras, ámbitos conceptuales y
competencias sociales, permitiendo así que los aportes disciplinares a nivel conceptual
y metodológico confl uyan para comprender los grandes problemas y situaciones
sociales que estudiantes y maestros enfrentan y viven cotidianamente.
La estructura de los Estándares Básicos de Competencias en Ciencias Sociales retoman
este enfoque para desarrollar los tres tipos de relaciones propuestos en la
columna del centro (relaciones con la historia y las culturas, relaciones espaciales y
ambientales, y relaciones ético-políticas), relaciones que deben asumirse y desarrollarse
desde una mirada integral, a partir del enfoque interdisciplinario propuesto en
los lineamientos del área, de manera que permitan la comprensión de los fenómenos
sociales, teniendo en cuenta los aportes conceptuales y metodológicos que nos ofrecen
la variedad de disciplinas que conforman las ciencias sociales.
Además, la columna de la izquierda titulada me aproximo al conocimiento como cientí-
fi co social permite que docentes y estudiantes se apropien de los métodos y técnicas
que utilizan las y los científi cos sociales para estudiar, comprender y transformar la
sociedad, aporte que se logra a partir del acumulado que tienen las disciplinas que
hacen parte de esta macro disciplina social.
Igualmente, la columna desarrollo compromisos personales y sociales permite que el
estudio y la comprensión de lo social se proyecte en la adopción de posturas éticas
que le permitan intervenir a docentes y estudiantes en la resolución de los problemas
sociales estudiados.
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